11.10.12

Este jueves, relato. El teléfono.




Metrópolis, 10 de Octubre de 2012
Editorial.

Vivimos en un tiempo en el que la inmediatez es moneda de cambio… ¡¡DEPRISA… DEPRISA…!!   Sin saber realmente si el tiempo lo consumimos o somos consumidos por él.
Todos pasamos por la complejidad diaria de necesitar comunicarnos; sin embargo, saber hacerlo es una asignatura en la que suspendemos sistemáticamente.

La rutina con la que tratamos los problemas personales desde un celular o skype hace que todo se vuelva lejano, ajeno, curiosamente impersonal, y por más pretendamos sustituir con tecnología la forma de comunicar, ésta termina por no reconocer la efectividad y afectividad de los nuevos medios. Es evidente que existen situaciones que no pueden ser tratadas de esa manera.
Es paradójico ver como un sistema de comunicación que nos unió tanto en su incorporación a la sociedad, nos puede distanciar peligrosamente de ella por un uso desmedido o inoportuno.

Recuperar el espíritu de “La Llamada” es no dejar que el ritmo vertiginoso de la vida moderna se interponga entre las cosas que realmente importan, como la familia o los amigos, mostrando un intento más humano para acercarnos a nuestro entorno.


Relato:
Cinco años. 
Por cinco largos años, su voz tocó su oído.
Por cinco larguísimos años, ni siquiera un beso le rozó la piel.

Sólo su voz, se atrevió a entrar directo a sus sentidos.
Sólo su voz pudo, traspasar los límites de lo permitido y arrullar, gemir, pedir, regalar y hasta silenciar,lo que no podía ser escrito.

Cinco eternos años, que hacían que todo estuviera tan lejos como el olvido o el futuro.
Solo el teléfono, en un mano a mano, sin caricias, sin abrazos, sin frío ni calor, sólo el viento.

Hasta que se levantó la condena y el proceso terminó por confirmar el error de la denuncia y las pruebas.

Algo para ilustrar el tema:



15 comentarios:

Natàlia Tàrraco dijo...

En mucho se parece vuestra intención a la mía en este jueves.

La era de la comunicación abrumadora que descomunica.
Besitos, oportuna llamada.

Neogéminis dijo...

jejeeje inesperado final para esa historia!...al menos se podía haber ingeniado para hacerle una visita durante toda la condena! ajjaja

Un abrazo chicos...y el chistecito de Lois hablando con Clark sobre las miradas furtivas de Superman me ha hecho reir con ganas!ejjeeje

Carmen Andújar dijo...

Me acuerdo de esta campaña<, pero no es nada exagerada, el celular, como decis vosotros desde la otra orilla nos ha hecho un poco a todos anónimos, sobre todo a los jóvenes, que están juntos ; pero cada uno va a lo suyo.
Espero que se pueda recuperar la comunicación perdida.
Un abrazo

José Vte. dijo...

Cinco años sin ver a nadie, o al menos sin ver a la persona querida, es mucha condena desde luego. Al menos le quedaba el sonido de sus voces para seguir recordándose. Me alegro por ese fina feliz.

Un abrazo

Fabián Madrid dijo...

La paradoja de la era de la comunicación, debería ser la era de la incomunicación humana y de comunicación de datos. Felicidades

San dijo...

Muy buena entrada Lois y Clark, la llaman la era de la comunicación, aunque igual no lo es tanto ¿no?.
Un abrazo.

Juan Carlos dijo...

Aunque quien nos vea aquí, trasteando en internet pueda decir lo mismo de nosotros, esa prevalencia de la virtualidad sobre la realidad real, la de veras, resulta un disparate.
Meneos mal que, en el caso del relato, se rompiera la condena.
Abrazos, chicos.

Sindel dijo...

Cinco años sosteniendo un hilo a la realidad a través de esa voz, algo que le daba una esperanza. Una condena que ahora cumplida le dará la libertad para escuchar algo más que esa voz.
Un beso.

Pepe dijo...

Sólo su voz. Sin embargo, esa voz cumplió durante cinco largos años la función de cordon umbilical con el mundo, con el exterior. Denostamos con razón el abusivo uso del teléfono sustituyendo al contacto presencial con las personas, sin embargo a veces, como en esta ocasión, es vital para saber de las personas a las que amamos de las cuales nos separan las circunstancias.
Un fuerte abrazo a ambos.

ibso dijo...

A veces no nos dejan nada más que un auricular, un momento al día, para condensar en muy pocas palabras lo que no se puede describir con millones. Por eso, cuando caemos en el error de no valorar la COMUNICACIÓN cara a cara, cuando los demás desaparecen, el mundo entero desaparece; nosotros nos perdemos en un universo paralelo e intangible y descubrimos (espero que no demasiado tarde) que solo estábamos "solos" cuando solamente nos comunicábamos a través de un artefacto.
Un abrazo

Gastón Avale dijo...

un telefono allí dentro permite mantener ilusiones... algunas por suerte se concretan y se mantienen en el tiempo... eso siempre depende de dos personas... jamás de una sola. un abrazo!

Tyrma dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tyrma dijo...

A igual que esa voz, el teclado nos une en forma de relatos, sin voces, ni rostros muchas veces, pero igualmente emotivo que el relato de Lois y Clark.
Los muchacos están enganchados a la tecnología, nosostros no tanto, pero aquí seguimos, al pie del cañón.

Estupendo relato.

Lamento el borron

Cristina Piñar dijo...

Buena reflexión inicial y buen relato. No hay duda de que el teléfono es un gran invento, aunque nunca debería terminar por sustituir a las relaciones personales. Lástima que en este caso solo pudiera ser así, al menos, aunque al menos les permitía seguir en contacto. Un beso.

Tamara dijo...

Desde acompáñame, llevamos unos meses queriendo reunir a los mejores blogs que seguimos. Si aun no te has apuntado al reto de Halloween que lanza Acompáñame, no olvides que te esperamos allí, tenemos ganas de ser muchos.

Un besazo.

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